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domingo, 8 de abril de 2012

Extreme Chocolate o la tarta que relegó a la Guiness al segundo puesto

Llevo mucho tiempo buscando en silencio la tarta de chocolate perfecta. Muchas han sido las pruebas y, aunque pocos los fracasos (lamentablemente todas las pruebas han acabado en mi rechoncha barriguita . . . ), hasta ahora sólo la tarta Guiness había conquistado mi corazón de verdad. Pero, querida familia, debo decir que, por fin, creo haber encontrado lo que tanto ansiaba: EL SÚPER-BIZCOCHO DE MEGA-CHOCOLATE o, como lo llama su autora en su página Catcakes, el Extreme Chocolate (vale, sí, es mucho más elegante como lo llama ella, pero ¿¿¿no os parece más gráfico mi apodo??? ¡Jajaja!). Es sin duda el mejor, más jugoso, consistente y delicioso bizcocho de chocolate de todos cuantos he probado hasta ahora.
¡TA-TA-CHAAAAÁN!


¡Y éste es el culpable de toda mi felicidad chocolatera! ¡Jajaja! ¿A que es precioso? ¡Si se me cae la baba sólo de mirarlo! Sí, sí, ya lo sé, la receta. ¡Allá va!

SÚPER-BIZCOCHO DE MEGA-CHOCOLATE (S.M. para los amigos):
(Receta literal de Catcakes, ¡lo perfecto no necesita modificaciones!)
400 gr de azúcar blanca (la normal, la de toda la vida)
220 gr de harina (yo usé la de repostería)
65 gr de cacao puro sin azúcar (yo usé el archiconocido Valor)
1 y 1/2 tsp (cucharaditas) de impulsor (Royal)
1 y 1/2 tsp de bicarbonato (el de andar por casa)
1 tsp de sal
2 huevos (usé huevos L de corral)
120 ml de aceite de girasol
230 ml de leche
235 ml de agua hirviendo (¡sí, sí, agua!)
2 tsp de vainilla (yo puse sólo 1/2, no me entusiasma la vainilla. Ya os he dicho muchas veces que soy rarita)
Precalentar el horno a 175º C con calor arriba y abajo. Preparar un molde de unos 25 cm de diámetro (yo hice también unos muffins para decorar, ya de paso . . .)
En un bol mezclar bien los ingredientes secos. Batir los huevos y añadirlos a los ingredientes secos; añadir luego la leche, el aceite y la vainilla y mezclar para incorporarlo bien. Añadir el agua hirviendo y mezclar bien hasta que se obtenga una crema homogénea. Aunque dé la sensación de que está muy líquido, de ahí saldrá un exquisito bizcocho, ¡Sale, ya os digo yo que sale!
Hornear en el centro del horno durante 30 minutos (o 14 minutos los muffins), comprobando que está bien cocido antes de sacarlo pinchando con un palillo en el centro; lo de siempre, si sale limpio ¡el bizcocho está preparado para salir al mundo! No desmoldar hasta que esté completamente frío.


Os recomiendo cubrirlo de ganache de chocolate negro. Si algo puede mejorar este bizcocho es convertirlo en una auténtica y dulce tortura para la vista: ¡más chocolate! No tengo palabras, es que hasta se me saltan las lágrimas . . . ¡qué deliciaaaaaaa!
Pero no queda ahí la cosa, si en bizcocho está exquisito, ¡en cupcake igual o mejor! Decidí adornar algunos con una ganache de chocolate blanco teñida en rosa. ¡Ñam!


¿Os habéis fijado en los detalles rojos de los cupcakes? ¿Sabéis qué son? ¡Son restos de glasa teñida!
Como la mayoría ya sabéis soy "mari-reciclados"; en algún sitio leí que la glasa se puede congelar cuando sobra, pero no me convence la idea, así que me decidí por otra opción: ¡reciclarla! Unos transfers y ¡voilà! Tenemos pequeñas decoraciones para usar en nuestras tartas, galletas y cupcakes en cualquier momento.
Para hacerlos sólo necesitamos papel encerado de horno, boquillas de varias formas y medidas y mucha imaginación. Vamos haciendo los dibujos que se nos ocurran sobre el papel encerado y los dejamos secar totalmente antes de despegarlos (al menos 24 horas). Yo empecé a hacer pequeñas florecitas y estrellas, peeeeeero . . . Como siempre, tenía que seguir investigando, y fui creando formas hasta que llegué a ésto:


¿Cómo llamarlo? Son como pequeños bordados de ganchillo . . .  ¡pero en glasa!
Y probando, probando, salió ésto otro:


¿A que son bonitos? Todo ésto salió de un poco de glasa roja, verde y blanca:


¿Y cómo usarlo? Pues, por ejemplo, así:


Bueno, pues os dejo aquí, espero que hayáis tomado nota y me mandéis pronto las fotos de vuestras S.M. ¡y por qué no, un pedacito, que me lo he ganado, jijiji!
Os dejo un pedazo del mío, que hoy pongo yo el dulce para la merienda. ¡Que seáis felices y a disfrutar de la vida!

domingo, 1 de abril de 2012

Sobre mí, más premios y menciones . . . ¡y otra receta!

Ando liada entre harina y azúcar, para variar, y los días se me pasan volando no, lo siguiente. A veces recuerdo cuando mi madre me decía que, a medida que me fuera haciendo mayor, el tiempo pasaría cada vez más rápido. Y es cierto, sin duda. Cada vez soy menos consciente del tiempo que pasa y más consciente de lo rápido que lo hace ¿Tiene ésto sentido? Supongo que para mí sí, pero ya sabéis que me lío como las persianas y tengo una facilidad innata para dispersarme cuando cuento algo. Algún defectillo tenía que tener, ¿no? ¡Jajaja!
He ido acumulando, casi sin darme cuenta, un montón de cosas que quería contaros, así que prepararos, que la entrada de hoy va a ser de las largas. Bueno, siempre tenéis la opción de ir directamente al final y saltaros toda la parrafada; éso sí, me encanta cuando dejáis un comentario. ¡Qué verdad tan grande es que los blogs se alimentan de los comentarios! En fin, hoy os quiero traer, para empezar, todo mi agradecimiento para unos premios bloggers que me han hecho muy feliz y me hacen sentir orgullosa:


¿No os parece un premio maravilloso? Son muchas las horas que se necesitan para crear los pequeños placeres que se comparten en todos los blogs de cocina y, aunque siempre merece la pena el esfuerzo (aunque a veces no merezca la pena mostrar algunos resultados, ejem . . .), me parece precioso que exista un premio virtual que lo reconozca. Y si, además, la persona que ha pensado en mi para este premio es Carmen, de Las Rezetas de Carmen, ¿qué más puedo pedir? Carmen es una mujer encantadora a la que admiro por su cocina y que tengo la suerte de conocer en persona y con la que tuve mucho "feeling" desde que la vi al llegar al encuentro de blogueras en mi viaje a Madrid (sí, ya sé que aún os debo la crónica de aquél viaje . . . ¡os advierto que será larguísima, jajaja!). ¡Gracias, guapa!

¡Otro premio más!

Premio tu estilo

Muchas gracias, por enésima vez, a las chicas de Jarita's Cookies y a Dámaris, de Garda Artesanía, por tenerme siempre presente y darme tanto cariño y apoyo. Al recibir este premio debes contar siete cosas sobre tí, así que ahí van mis siete secretillos:
-Además de la cocina y, sobretodo de la repostería, soy una aficionada a las manualidades.
-Desde que descubrí la repostería creativa, todo lo que veo lo convierto mentalmente en galletas decoradas, tartas, figuras de pasta de azúcar . . . ¡Efectivamente, estoy obsesionada, jajaja!
-Aunque adoro crear todo tipo de dulces artísticos, casi nunca pruebo ni me como nada de lo que hago, ¡para éso está el catador! Éso sí, dame un trozo de brownie o una buena tarta de chocolate y te seguiré al infierno si hace falta . . .
-Soy bastante perfeccionista así que, teniendo en cuenta mi afición, os podréis imaginar lo mal que lo paso a veces . . . casi nunca quedo conforme con lo que creo y siempre le veo muchos defectos. Éso sí, mi perfeccionismo me anima a mejorar cada día ¡Algo bueno tenía que tener!
-Me emociono cada vez que leo un comentario o veo que tengo un nuevo seguidor/a, aquí o en Facebook. Es algo a lo que no creo que llegue a acostumbrarme nunca, que personas que no te conocen pierdan nuestro bien más preciado, el tiempo, en leer mis entradas y publicaciones. Jamás podré expresar en palabras cuánto me llena éso.
-Voy de dura por la vida, pero en realidad soy de lágrima fácil. Efectivamente, soy de las que lloran con los anuncios de televisión, con las imágenes de cachorros abandonados, con los vídeos de youtube de personas anónimas que se presentan a concursos de cantantes con sus inimaginables y durísimas historias y su portentosa y alucinante voz (bueno, éso también se debe a que me hubiera gustado mucho ser cantante) y con un millón de cosas que no os voy a decir porque acabaré llorando.
-Y por último, soy incapaz de decidirme por los blogs a quien conceder los premios que me dan. Lo sé, si todo el mundo hiciera lo mismo se acabarían, pero perdonadme, os juro que soy incapaz . . .

Quiero hablaros también de una iniciativa que me parece muy bonita, la que tuvo Cocina Casera y que se llama Cocina Honrada, que se rige por estos 5 requisitos:

1-Los ingredientes que utilizo son por voluntad propia, no por patrocinio de terceros.
2-Todas las recetas que publico las he realizado previamente para comprobar sus correctos tiempos y medidas.
3-Los artículos son originales o consentidos por quien me los ha administrado, en ningún caso copiados porque respeto el trabajo de otros
4-Mi blog no atenta ni hiere el respeto de otras personas.
5-Último y más importante: ¡amo la cocina y deseo compartir mis recetas!
Por cumplir todos los requisitos, Cocina Casera ha decidido incluirme en su lista de blogs que hacen una cocina honesta y original, y es por éso que, desde hace unos días, luzco orgullosa el emblema en la parte superior derecha del blog:


Y ahora sí que sí, llegó la hora de la receta; la de hoy está rica y es fácil a partes iguales. Una receta de tarta de queso de las facilitas, facilitas. ¡Para que no os quejéis de que me enrollo en las entradas y no aporto nada, ea!

RECETA DE TARTA FACILITA DE QUESO CON BASE DE GALLETAS MARÍA Y CUBIERTA DE MERMELADA DE FRESAS

20 galletas maría, 80 gramos de mantequilla, 1 tarrina de queso crema para untar (tipo Philadelphia), 2 yogures naturales (mejor si son griegos), 1 yogur de limón (si no se tiene podemos ponerlo natural y añadir a la mezcla el zumo de medio limón), 4 huevos medianos, 150 gramos de azúcar, 50 gramos de Maizena, mermelada de fresa (o de cereza, o de frutos rojos, o arándanos . . .  ¡la que más os guste)
Precalentar el horno a 170º C. Pulverizar las galletas y mezclarlas bien con la mantequilla derretida; forrar la base de un molde desmontable con esta mezcla, apretando bien, y reservar. Batir bien todos los ingredientes hasta que no queden grumos y volcar la masa encima de la base de galletas. Hornear durante una hora. Veremos que sube mucho, pero al enfriar bajará de volumen.
Aclarar la mermelada con una cucharadita de agua tibia y, una vez fría y desmoldada la tarta, servirla por encima de ésta. Conservar en nevera (¡si sobra, jeje!)


Pues ahí lo dejo, ya me contaréis qué os parece si la hacéis. Esta tarta de queso es muy sencilla y os puede sacar de un apuro en cualquier momento.
Gracias por todo lo que me aportáis, día a día, desde el mismo instante en que decidí crear este blog. Sois el mejor apoyo que cualquier persona debiera recibir al iniciar un proyecto. ¡Mil gracias, de corazón! Y ahora . . . ¡a ser felices y a disfrutar de la vida!

domingo, 25 de marzo de 2012

¡Primavera, primaveraaaaa!

Ya tenía yo ganas de quitarme las mangas largas y los zapatos cerrados; y no es que aquí haga demasiado frío (reconozco que es un placer no tener que llevar nunca el abrigo), pero ¡es que soy tan feliz en sandalias! Sí, ya sé que me conformo con poco, pero de verdad que me encanta la sensación de llevar los pies al aire y ropa ligera y de colores alegres. ¿Os podéis creer que de adolescente me daba vergüenza enseñar los pies? ¡Como lo oís! Vaya, como lo leéis. Recuerdo que una amiga me convenció, tendría yo 15 años, para comprarnos las mismas sandalias, y accedí a comprarme unas que eran como enrejadas pero cubrían todo el pie ¿Sabéis lo que pensé cuando me las puse? ¡Seré imbécil, lo que me estaba perdiendo! ¡Jajaja! Bueno, ¿y qué me decís de la sensación de llevar ropa ligera como lino o algodón fresquito? Dar un paseo por la orilla del mar cuando cae el sol, la brisita marina acariciándote el pelo... ¡pero qué peliculera soy! ¡Que alguien me pareeeeee! ¿Aquí no habíamos venido a recetear? Pues venga, ¡la receta! Pero que conste que me encanta la primavera . . . 
Hoy os traigo una receta muy solicitada; y no es para menos, desde que la hice me enamoré de ella, de su aspecto, de su sabor, de su textura... Sin duda, una tarta increíble. Reconozco que es algo laboriosa, pero no es difícil, de verdad. ¡Si yo la hice, tú la puedes hacer igual! Lo único que tiene algo de complicado es la forma de cocción, al baño maría pero en horno, y he de decir que suena más difícil de lo que es en realidad: un molde desmontable dentro de un recipiente mayor con agua hasta la mitad Sencillo, ¿no? ¡Pues vamos con la receta!

TARTA DE QUESO CON CHOCOLATE, BASE DE OREO Y SALSA DE CARAMELO Y GANACHE

Para la base:
300 gr de galletas oreo
100 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente

Para la tarta:
600 gr de crema de queso para untar
1 lata de leche condensada (397gr)
3 y ½ tbsp de azúcar
4-5 tbsp zumo de limón
2 tsp esencia de vainilla
3 huevos XL
100 gr de choco al 70%

Para el caramelo (yo se lo puse, pero reconozco que sin él también me gustaría):
250 ml de nata para montar (35% M.G.)
200 gr de azúcar
30 gr de mantequilla sin sal a temperatura ambiente

Precalentar el horno a 160ºC. Preparar un molde desmontable de 18-24 cm (podemos usar uno de diámetro mayor, entonces quedará más bajo pero igualmente delicioso) y otro más grande o una fuente apta para el horno (el desmontable debe caber dentro). Calentar agua para Baño María.
Pulverizar las galletas oreo enteras y mezclar con la mantequilla ablandada. Forrar el molde desmontable por la base y hasta la mitad de los lados, de manera uniforme, prensando bien la mezcla. Enfriar en nevera.
Batir el queso hasta que esté cremoso y suave; añadir el azúcar y mezclar bien. Añadir el limón y los huevos y batir, y al final la vainilla y volver a batir todo junto.
Derretir aparte el chocolate en microondas o al baño maría y, una vez tibio, mezclarlo con 1/3 de la crema preparada.
Sacar el molde con la base de oreos de la nevera y echar la mezcla de crema y chocolate con cuidado y alisar. Verter encima y con mucho cuidado (mejor sobre una cuchara grande a modo de fuente, como en la tarta tres chocolates) la mezcla de queso restante.
Poner el molde dentro de la fuente mayor y llenar con el agua caliente hasta la mitad del molde. Meterlo en el horno y hornear durante 1 hora y cuarto aproximadamente, a 160ºC. Cuando esté listo los bordes deben estar firmes.
Sacarlo del horno y enfriar. Refrigerar durante al menos 6 horas.

Preparación de la crema de caramelo: calentar el azúcar sin remover; cuando empiece a burbujear mezclar un poco con espátula de madera para unificarlo y esperar a que se disuelva. Apartar del fuego y remover bien; reservar.
En un cazo aparte, calentar la nata sin que hierva.
Añadir la mantequilla al azúcar y mezclar bien. Volver a poner el azúcar al fuego; añadir la nata caliente poco a poco y con cuidado porque salpica mucho, removiendo bien para que se unifique todo. Dejar hervir unos minutos y enfriar. Cuando vaya enfriando se irá espesando. Poner en tarro de vidrio y guardar en nevera.
También tenéis la opción de hacer la crema de toffee de Biscayenne, absolutamente deliciosa y muy recomendable. Dejadla algo líquida (al enfriar espesa) para poder derramarla a gusto sobre la tarta acabada . . . ¡estoy babeandooooooo!

Preparación de la ganache de chocolate: calentar la nata sin que llegue a hervir; apartar del fuego y añadir el chocolate troceado y reservar 30 segundos. Remover bien hasta que se disuelva el chocolate y añadir la mantequilla, revolviendo de nuevo para integrarla. Enfriar y conservar en nevera.

Cuando la tarta esté bien fría, sacarla de la nevera y pasarle la punta de un cuchillo por los bordes (yo tengo uno de plástico que guardo para estas cosas, así no rayo el molde), desmoldar con cuidado y poner sobre la fuente, plato o bandeja donde la vayamos a servir. Cubrirla (o decorarla al gusto) con la ganache de chocolate y luego derramar por encima la crema de caramelo, dejando que caiga por los lados. Reposar quince minutos y servir fría. 

El resultado del montaje de mi tarta fue éste: 


Os aseguro que es una de las mejores tartas que he probado en mi vida. ¡Y no exagero! El aspecto es delicioso como veis, pero es que el sabor es una explosión en el paladar. La mezcla de texturas (crujiente de la base,  suave del queso con chocolate, cremosa de la ganache . . . ¡acabo de manchar el teclado de babas otra vez, ya verás como hoy me lo cargo, jajaja!) No os la podéis perder. Si queréis dejar a vuestros invitados con la boca abierta y quedar como auténticos profesionales, esta es vuestra tarta. Si os han invitado a una comida o una cena y queréis llevar el postre, esta es vuestra tarta. ¡En serio, vais a ser la comidilla entre vuestros amigos y familiares por mucho tiempo!
Me encantaría que me mandárais fotografías de vuestras tartas, porque de verdad espero que os animéis a hacerla. Os deseo todo lo mejor, ¡sed felices y a disfrutar de la vida! (. . . y de las tartas de queso y chocolate, yujuuuuuuu!!!!)

viernes, 16 de marzo de 2012

Cada dulce tiene su historia

Aunque a veces no la cuente.
En realidad es así, aunque a menudo me sucede que cada historia lleva su dulce. Y éste es el caso.
Hace poco le presenté a una buena amiga a mis dos gatitas, y le contaba de cómo cada una de ellas llegó a formar parte de nuestras vidas, hasta el punto en que son parte de nosotros mismos. Creo que nunca os he hablado de ellas, y ya va siendo hora de que lo haga. De mis dos princesas, Lenine y Leia. Y de cómo estos cupcakes fueron creados para agradecer a unos veterinarios que le devolvieran la vida a Leia. Ésta es su historia.
A mi nunca me habían gustado los gatos y, a estas alturas de mi relato, veréis normal que hable en pasado. Nunca, hasta que conocí a Jose, mi catador y media mandarina, que me enseñó a comprenderlos y a quererlos; aunque, para ser justos, he de decir que quien en realidad me hizo cambiar de opinión sobre los gatos fue Nina, la madre de leche de Lenine y madre biológica de Leia (al tiempo, todo tiene su explicación). Nina es una gata de calle que vive en el jardín de la familia de mi marido; cuando tenía apenas unas semanas Jose la rescató de una muerte segura, la crió a biberón y la devolvió a su hábitat natural, el jardín. Es un espíritu libre, y no podría ser más cariñosa aunque la hubiéramos criado en casa; tanto es así, que quedé prendada de ella desde el minuto cero. En otra entrada os hablaré más de ella, porque merece una historia para ella sola, aunque en esta va a tener mucho protagonismo. No puede ser menos, porque nos dio a Lenine, la mayor y reina de la casa, y a Leia, la princesita. 
Leia es el vivo reflejo de Nina, son prácticamente idénticas. Cuando nació nos encantaba verla jugar con los otros cachorros en el jardín, porque era un bichillo de lo más divertido e ingenioso, de ésos cachorros que te hacen reír con sus monerías. 


Tenía algo de conjuntivitis (como todos los gatitos) que le tratábamos con colirio antibiótico, pero un día empezó a hinchársele un ojito de una forma bestial, así que la tuvimos que llevar al veterinario de urgencias. Allí nos dijeron que estaba muy malita, y que si no le extirpaban el ojo probablemente no sobreviviría a la infección. ¿Os imagináis el panzón de llorar que me di en la consulta? No voy a olvidar jamás ese día, os lo juro. ¡Me sentía tan responsable de lo que le estaba pasando a esa pequeñina! Bueno, al final todo salió bien en la operación, me devolvieron a una gatita tuerta con un parchecito y todo, y nos llevamos a nuestra piratita para casa. En las semanas siguientes las visitas fueron casi diarias, y en todas y cada una los veterinarios se portaron con ella como ángeles. Y Leia, a su vez, se portaba tan bien que hasta los propios veterinarios alucinaban con ella; me asombraba su capacidad de aguantar el dolor. Ella, toda chiquitina, se abrazaba a mi (sí, literalmente, ponía su cuerpecito con las patitas abiertas contra mi pecho hasta el punto que yo podía sentir su corazoncito latir), y se pasaba así todas las horas que estuviéramos en la sala de espera. Mientras estaba en la camilla aguantaba pacientemente todo lo que le tenían que hacer, y una vez acababan, me pedía que la cogiera y ya no se apartaba de mi. Éso creó un vínculo entre nosotras precioso que no soy capaz de explicar con palabras y que sólo los amantes de los animales entenderán.
Al fin, como no podría ser de otra manera, Leia se convirtió en parte de nuestra familia, y pasó a ser la consentida de la casa. Consentida por nosotros dos y consentida también por Lenine, nuestra primera gata, quien a día de hoy, cuando Leia está a punto de cumplir un añito en unos días, aún la cuida, la limpia y le da caña para reñirla como si fuera un cachorrito.
¡Y el cachorrito del enorme ojo azul se convirtió en una gata siamesa preciosa, cariñosa y juguetona que nos trae a todos de cabeza en casa!


A día de hoy sus veterinarios ya no la ven apenas, sólo en las visitas rutinarias, pero nunca olvidaremos cuánto hicieron por nosotros y, sobretodo, que le salvaron la vida a mi gatita preciosa.
Desde entonces les llevamos de vez en cuando una bandeja de cupcakes de regalo, y estos son algunos: 


Cupcakes de calabaza a la canela con frosting de crema de queso. Y aprovechando la entrada, os doy también la receta, a ver qué os parece:

BIZCOCHO/MAGDALENAS DE CALABAZA A LA CANELA:
300 gr de calabaza limpia
4 huevos grandes
200 gr azúcar
250 gr harina común
1 vaso aceite de girasol
1/2 cucharadita de canela
1 sobre de impulsor (levadura tipo Royal)
1/4 cucharadita de sal
Precalentar el horno arriba y abajo a 170ºC. Engrasar/pulverizar con desmoldante el molde elegido (mejor uno de unos 26 cm que sea desmontable) o poner las cápsulas de papel para magdalenas en los moldes adecuados, ya sean metálicos o de silicona.
Cocer la calabaza en el micro hasta que quede bien blandita. Aplastar con tenedor y reservar.
Batir los huevos con el azúcar hasta que doblen su volumen. Añadir el aceite en hilo y seguir batiendo hasta que esté totalmente incorporado a la mezcla.Tamizar la harina con la levadura, la sal y la canela y añadirla a cucharadas, incorporándolas con espátula de silicona.
Volcar la mezcla en el molde para bizcochos o llenar las cápsulas hasta la mitad si son para decorar cupcakes, o hasta 2/3 si son para servir solas. Hornear el bizcocho unos 35 minutos, controlando la cocción con un palillo a partir de los 25 minutos; en el caso de hacer magdalenas, hornear unos 14-15 minutos y comprobarlas de la misma forma a partir de los 12 minutos de horneado.
Al sacar, dejar entibiar en el molde y enfriar del todo sobre una rejilla antes de decorar.

FROSTING DULCE DE CREMA DE QUESO:
1 tarrina de crema de queso para untar
1/4 taza de mantequilla blanda (a temperatura ambiente)
4 tazas de azúcar glass
2-3 cucharadas de leche entera a temperatura ambiente
1 cucharadita de esencia de vainilla
Opcional: colorante alimentario (en el caso de los cupcakes usé el naranja de Americolor)
Batir suavemente el queso, añadir la mantequilla  y la vainilla y batir un poco más. Ir añadiendo el azúcar glass a cucharadas, incorporando cada una antes de añadir otra, hasta que la crema tenga consistencia, batiendo suave. Reservar en nevera para que coja consistencia antes de usar para decorar los cupcakes o rellenar y cubrir la tarta (al menos dos horas).
Esta crema es deliciosa, aunque un poco delicada con la textura, ya le afecta mucho la temperatura, y hay que conservarla en frigorífico.
Os dejo con una imagen más de los cupcakes, que salieron realmente deliciosos, y otra de la tarta que . . . ¡bueno, las imágenes hablan solas! Buen fin de semana, que seáis muy felices y . . . ¡a disfrutar de la vida!









viernes, 9 de marzo de 2012

Si es que me apunto a un bombardeo . . . ¡Concurso exótico en Circus Day!

Los que ya me conocéis sabéis de sobra que, pese a que es cierto que me apunto a un bombardeo, no suelo apuntarme a retos y concursos, sobretodo si no estoy absolutamente segura de que voy a cumplir. Me horroriza pensar que me he comprometido a algo y que no voy a llegar. Pero es que cuando me enteré de que Caty estaba celebrando el primer añito de blog y leí las bases de su concurso de recetas, no lo pude evitar . . . ¡y me apunté! El premio: ¡un Circus Pad! ¿Que no sabéis lo que es? Pues tenéis que visitar su blog, porque, desde el momento en que lo descubres te preguntas cómo has podido sobrevivir en tu cocina si uno. El requisito: publicar una receta que incluyera alguna fruta exótica si elegías hacer un postre, y una fruta o verdura exótica si era un plato salado; yo, cómo no, elegí la receta dulce. ¡Pues claro, no podía ser de otra manera, ¿no?! Pero es que además me lo puso fácil: llevaba ya un tiempo dándole vueltas a lograr una receta de un sabor en concreto, y encima ese mismo día había abierto un coco fresquito que olía a gloria, así que . . .  ¡me puse manos a la obra!

RECETA DE CUPCAKES DE PIÑA COLADA
Ingredientes para los muffins:
1 lata pequeña de piña en su jugo (140 gr peso escurrido aprox), y su jugo también (ni que decir tiene que si es piña natural bien madurita mucho mejor . . . ¡slurp!)
20 gr de coco rallado fresco más el jugo del coco (se puede sustituir por 40 gr de coco rallado o 20 gr de coco más 20 gr de leche de coco ¡o lo que mejor os parezca, jeje!)
3 cucharadas de ron miel ( el ron miel es un producto típico canario que, como su nombre indica, está hecho de ron y miel; en caso de no poder disfrutar de esta maravilla podéis usar ron normal y luego veniros para casa, ¡os invito a un chupito!)
1 huevo grande
120 gr de azúcar
80 ml de aceite de girasol
200 ml de buttermilk (o en su defecto 200 ml de leche entera a la que le añadiremos unas gotas de limón natural y lo dejaremos reposar durante 10 minutos para que se corte)
250 gr de harina simple
2 cucharaditas de levadura tipo Royal
1/2 cucharadita de bicarbonato

Precalentar el horno a 180ºC arriba y abajo. Preparar los moldes para magdalenas con las cápsulas de papel adecuadas.
Escurrir y picar la piña en trocitos. Rociarla con el ron y un chorro de su propio jugo y dejarla macerar mientras preparamos el resto de la receta.
Tamizar la harina con la levadura y el bicarbonato; mezclar con el coco rallado y reservar.
Batir el huevo, añadirle el azúcar y mezclar; luego añadir el aceite y el buttermilk y volver a mezclar bien. Por último añadir la piña con el jugo de maceración y el jugo de coco (si lo tenemos).
Añadir ahora los ingredientes secos a los húmedos, removiendo suave, lo justo para que los secos se humedezcan bien; en el horno se acabarán de mezclar solos.
Repartir la masa en las cápsulas de papel (a mi me salieron 15 muffins, pero depende del tamaño de las cápsulas) y hornear durante unos 18-20 minutos. Sacarlos del horno, dejarlos reposar en los moldes 3-4 minutos y luego pasar a enfriar en una rejilla.
Una vez están completamente fríos podemos decorarlos para convertirlos en cupcakes. Yo les preparé una crema a juego de sabores:

Ingredientes para la crema de piña colada:
200 gr de queso crema (tipo Philadelphia)
unas gotas de aroma de piña colada (si no lo tenemos podemos ponerle un poquito de piña escurrida muy picadita, un poco de coco rallado y unas gotas del mismo ron que usamos en los muffins)
250 gr de azúcar glass
Batir ligeramente el queso, añadirle el azúcar a cucharadas mezclando a mano con un tenedor o unas varillas; añadir por último la esencia o los otros ingredientes, mezclando suavemente. Enfriar al menos 2 horas para que la crema tome la consistencia para trabajarla.
Decorar los muffins con la crema y ponerle unas tirillas finas de coco y trocitos de piña por encima. Así es como me quedaron a mi:

Una vista general para abrir boca
Unos primeros planos para babear a gustito...

Me permití el gusto de añadirle un hilillo de toffee casero...

O unas gotitas...

Por si le faltaba dulzor...
¿Qué os ha parecido? Os aseguro que están . . .  cómo decirlo . . . ¡de puro vicio! ¡El caribe en tu casa! Vamos, para irnos preparando para el veranito, que está a la vuelta de la esquina . . . 
Y por si alguien se pregunta por el toffee casero, ¡aquí tenéis la receta, que no me olvido! 


Os aseguro que esta receta merece la pena. A priori da la impresión de ser muy trabajosa, pero no lo es, es sólo que he descrito mucho los pasos para que no os perdáis al hacerlos, pero en realidad es sencilla. Sencilla y . . .  ¡absolutamente deliciosa! ¡Tenéis que probarla!
El segundo requisito es decir cinco cosas dulces y cinco saladas sobre mi misma, para que me conozcáis un poco más (aunque soy como un libro abierto, ya lo sabéis). Pues ahí van:
5 cosas dulces sobre mi:
-Soy muy cariñosa y me encanta abrazar a la gente que quiero, me carga las pilas como ninguna otra cosa en el mundo.
-Me entusiasmo como un niño con los nuevos proyectos y las buenas noticias.
-Me gusta mucho aprender cosas nuevas y soy muy curiosa, también en éso soy como una niña.
-Soy sensiblera y de lágrima fácil, vamos, casi que lloro hasta con algunos anuncios como me pilles floja . . .
-Una de las cosas que más me gustan del mundo es disfrutar de una charla con un/a amigo/a.
 5 cosas saladas sobre mi:
-Tengo paciencia, pero cuando se me acaba . . . ¡tengo muy mal genio!
-Tengo algunas manías que alguien podría tratar de patológicas, pero convivo con ellas y nos llevamos muy bien.
-No soporto cuando le presto a alguien un libro y me lo devuelve en mal estado . . . ¡o no me lo devuelve! Mis libros son mi tesoro (ahora que lo pienso, ésta debe ser una de mis manías . . . ).
-Me relaja leer y escribir, pero si algún día este blog se convierte en algo monótono y forzado, dejaré de escribir. Desde el principio decidí que este sería mi refugio, no mi obligación.
-Soy torpe y despistada, ¡no me lo tengáis en cuenta!

Y ahora, para no perder la costumbre y hacer la entrada larguíííísima, como siempre, me gustaría aprovechar para darle las gracias a unas personas maravillosas por los premios que me han dado:
-A Marce, del blog Haciendo Tanes, una persona encantadora que ha pensado en mi para concederme el Premio al Blog Dorado. ¡Gracias cielo, eres un amor!


-A Trini Altea por concederme el Premio Indalo de Plata, del que es creadora y promotora ella misma, y que ha tenido la amabilidad de darme personalmente. Muchas gracias, Trini, es un honor recibirlo de ti.



Como siempre, me vais a disculpar por no concederlo a una lista de blogs, porque realmente soy incapaz de elegir a unos y dejar fuera a otros, ya que os considero merecedores a todos y cada uno de los blogs que sigo. Crear y mantener un blog supone un trabajo duro y al que hay que dedicarle mucho tiempo y ganas, quitándotelo de otras cosas, para mantenerlo vivo, y éso es algo que hay que reconocer en todos los que yo visito. Y por supuesto, cómo no, vuestros comentarios (y también las visitas anónimas que pasan por aquí sin hacer ruido pero dejando huella) son los que realmente le dan vida y energía a este rinconcito dulce. 
Muchas gracias por leerme y aguantarme, si no hubiera nadie al otro lado de la pantalla todo esto carecería de sentido, estoy segura. ¡¡¡Mil besos, sed felices y a disfrutar de la vida!!!


viernes, 2 de marzo de 2012

Lo prometido es deuda: ¡la primera receta!

Hace unos días publiqué una entrada con las fotografías de las tartas y galletas que llevamos a la última feria en la que participamos mi media mandarina y yo; cuando la escribía sabía que había al menos una tarta que iba a llamar mucho la atención, pero mi sorpresa fue que todas gustaron mucho. Pues bien, como os prometí, voy a empezar a daros las recetas de aquellas cinco tartas para que, si os apetece, las hagáis en casa y me contéis qué tal.
Voy a empezar con la receta de un bizcocho que últimamente me piden mucho y que siempre triunfa: el bizcocho de plátano (¡canario, como no podía ser de otra forma!) con perlitas de chocolate. Es un acierto seguro, es muy suave y jugoso y admite multitud de variedades: chocolate blanco, frutos secos, trocitos de fruta deshidratada . . . Como siempre os digo, ¡imaginación al poder! Y, además, es una forma muy nutritiva de dar a los niños una de las frutas más completas de la dieta mediterránea: ¡el plátano canario!
¿El secreto de este bizcocho? Unos ingredientes que cualquiera puede tener en casa, en proporciones sencillas, y la mezcla del sabor sutil del plátano al encontarte con una perlita de chocolate es . . . ¡simplemente deliciosa!
INGREDIENTES PARA EL BIZCOCHO DE PLÁTANO CANARIO CON PERLITAS DE CHOCOLATE (para un molde de unos 24-26 centímetros)
250 gr de plátano canario maduro y pelado
200 gr de harina simple
200 gr de azúcar
3 huevos grandes
70 gr aceite de girasol
1 sobre de impulsor (levadura tipo Royal)
1 cucharadita esencia de vainilla (opcional)
1/2 cucharadita sal
1/4 cucharadita bicarbonato
60-80 gr perlitas de chocolate negro
Engrasar el molde elegido (mejor si es de los desmontables) con un poquito de aceite o mantequilla y muy poca harina o, si disponemos de él (y lo recomiendo) con spray desmoldante. Precalentar el horno a 170ºC arriba y abajo.
Batir los huevos con el azúcar hasta que la mezcla doble en volumen. Añadir en hilo el aceite y batir; luego añadir la esencia de vainilla si se desea y batir de nuevo.
Aparte, machacar los plátanos ya pelados con un tenedor y añadir a la masa, mezclando con espátula de silicona. Tamizar la harina con la levadura, la sal y el bicarbonato y reservar una cucharada; ir añadiendo la harina a cucharadas a la masa, mezclando con la espátula con movimientos envolventes hasta que esté toda integrada y no queden grumos. Mezclar las perlitas de chocolate con la cucharada reservada de harina (para que no se bajen al fondo al hornear) y añadirlas a la masa con cuidado para que queden bien repartidas por la mezcla. Volcar en el molde preparado y hornear durante unos 30-35 minutos. Para comprobar que está bien cocido, pincharemos en el centro del bizcocho con un palillo y, si sale limpio, está listo; si el palillo sale manchado con restos de masa lo dejaremos 4-5 minutos más, vigilando para que no se queme. No abrir el horno nunca antes de que pasen los primeros 20 minutos de cocción; si pasado ese tiempo vemos que se está dorando mucho, podemos cubrirlo con papel de hornear para evitarlo, hasta el final del horneado.
Al sacarlo del horno, dejar entibiar en el molde antes de sacarlo para que no se rompa. Una vez desmoldado, enfriar totalmente sobre una rejilla.
Cuando esté totalmente frío podemos, si queremos convertirlo en tarta, cortarlo por la mitad con una lira o un cuchillo de sierra y rellenar al gusto: le queda genial una GANACHE de chocolate, por ejemplo. Os pongo la receta:
200 ml de nata líquida 35% M.G. (es decir, para montar)
200 gr de chocolate de calidad
Calentar la nata en un cazo hasta que vaya a hervir; retirar del fuego y añadirle el chocolate troceado. Dejar reposar un minuto y entonces remover bien hasta que se disuelva el chocolate. Dejar enfriar totalmente para usarlo, al enfriar espesará. Si lo queremos para cubrir la tarta podemos añadirle una cucharadita de mantequilla para que brille más y usarlo tal cual. Si queremos usarlo para relleno, podemos montarlo con varillas eléctricas para darle más cuerpo.
También podríamos decorar el bizcocho con unos hilillos de chocolate blanco y negro fundidos por encima, o un poco de azúcar glass, o un GLASEADO DE CHOCOLATE:
Mezclar en un cazo al fuego 1/2 taza de azúcar tamizado, dos cucharaditas de cacao en polvo y 2-3 cucharaditas de leche. Calentar y, cuando coja cuerpo y esté homogéneo, retirar del fuego. Entibiar y pintar con él el bizcocho con el glaseado antes de servir.
O simplemente servir tal cual, ¿por qué añadirle nada más si él solito está riquísimo?

Dos bizcochos iguales con una capa de ganache de chocolate con leche en el centro
Y decorado con unos círculos de ganache y unas florecitas de azúcar nada más
La entrada de hoy ha sido larga, pero estoy segura de que la mayoría habréis llegado al final de la lectura, que ya sé que sois unos golosones, jeje . . . Espero que os hayan gustado las recetas y me encantaría que probéis a hacer este delicioso bizcocho, porque es muy fácil y gusta a todo el mundo. En cualquier situación quedaréis estupendamente presentándolo en una merienda o como postre. Y ya acabo por hoy que siempre me alargo mucho, así que, como siempre os digo, ¡sed felices y a disfrutar de la vida!

viernes, 18 de noviembre de 2011

No van a ser todo tartas, ¿no?

Últimamente las tartas de fondant están muy solicitadas, y ya tenía yo ganas de volver a las andadas: ¡muffins, magdalenas y cupcakes a porrillo! Y aprovechando una de mis últimas adquisiciones . . .

Como veis ya he marcado un montón de recetas
Lo encontré de casualidad en Lidl, me salió por tres euros y pico, y tiene montones de recetas de muffins dulces, salados, de frutas, rellenos . . . Me voy a poner manos a la obra a probar las recetas, todas las que pueda. O mejor dicho, todas las que mi báscula aguante, jejeje . . . De momento os adelanto que ya probé dos de ellas, una dulce y otra salada, y están bastante bien. Las masas son un poco pesadas, tal vez, pero es que los muffins son mucho más densos que las magdalenas. La primera que probé fue aprovechando que aún estamos recogiendo higos de la bendita higuera del abuelo paterno de mi catador, un ser realmente excepcional que nos dejó hace casi dos años. El caso es que habíamos recogido ese mismo día un par de quilos de higos y claro, con tantos higos frescos, algo tenía que hacer. Buena excusa para hornear, ¿verdad? Bueno, pues para que abráis boca . . .


MUFFINS DE HIGOS Y NUECES (para 12 muffins medianos)
250 gr de harina, 1 tsp levadura (tipo Royal), 1/2 tsp bicarbonato, 1/2 tsp canela (yo no le puse), 2 huevos grandes, 90 gr azúcar moreno, 80 ml aceite (yo de oliva suave), 1/4 tsp nuez moscada, 150 gr higos frescos en dados, nueces peladas y picadas (al gusto)
Precalentar el horno a 180ºC y preparar los moldes con las cápsulas de papel. Mezclar y tamizar la harina con la levadura, el bicarbonato, la nuez moscada y la canela. Reservar.
Batir los huevos con el azúcar, añadir el aceite y batir bien. Agregar los ingredientes secos tamizados a los húmedos y remover con espátula de silicona o similar, pero sólo hasta que los ingredientes secos se hayan humedecido (no mezclar demasiado o los muffins quedarán secos y correosos). Añadir ahora los higos y las nueces y remover un poco. Repartir la masa en los moldes preparados y hornear durante unos 20 minutos a medio nivel en la bandeja. Comprobar que están bien cocidos pinchando en el centro con un palillo hasta que éste salga limpio; al sacarlos del horno, dejarlos reposar en el molde unos 5 minutos y luego acabar de enfriar en una rejilla. Recomiendan servir con crema de chocolate encima pero, ¿de verdad creéis que les hace falta?


¡No sé qué deciros, nosotros nos los comimos tal cual y están de vicio!


Y los compartimos con unos vecinos y no han habido quejas de ningún tipo . . . ¡jeje!
Bueno pues con ésto y un bizcocho . . . ¡No, espera, algo se me olvida! ¡Sííí, mi nuevo cake-stand! ¡Os habéis fijado en él? Éste es comprado, pero es divino. Lo encontré en la tienda Casa (junto con otras mil maravillas) y está genial de precio, no llegó a 9€. Esperad, que os lo enseño bien:

Vista de perfil . . .
Ains, qué bonito es . . .

¡Y visto de frente!
¿Qué os parece? Va a dar la sensación de que me pagan o algo, pero para nada: si os apetece compraros algo bonito para vuestra repostería casera, daos una vuelta por Casa, os va a encantar el "rinconcito del cupcake" que han montado: cápsulas, paños de cocina, servilletas de papel, moldes . . .  En la próxima entrada os enseño más cositas de las que compré, a ver qué os parece. Hasta entonces, ya sabéis: ¡Sed felices y a disfrutar de la vida!

viernes, 11 de noviembre de 2011

Un pan (¿dulce o salado?) para cumplir un reto

Por la blogosfera los retos son algo habitual. Un grupo, una página o blog proponen a sus seguidores el reto de hacer algo todos a la vez, o en un plazo de tiempo concreto, generalmente sólo por el gusto de hacerlo. Ejemplo de ello son las propuestas mensuales de la estupenda Whole Kitchen, la Mega Galleta con la que nos sorprendieron El Monstruo de las Galletas y sus fieles seguidores en Twitter y tantos otros que podéis encontrar en San Guguel. Yo nunca había participado en uno (no llevo nada bien éso de apuntarme a algo sin saber si voy a poder cumplir, porque no me gusta nada dejar a las personas colgadas), pero resulta que esta semana me apunté al primero: formo parte de un grupo de cociner@s y reposter@s en Facebook que se llama Tarareando en la cocina, promovido por la fantástica Tara, que propone un reto distinto cada semana. Esta semana el motivo del reto era el PAN, y como tenía una receta de mi libro nuevo de muffins que quería probar (no sólo trae recetas de muffins, ¡qué os creíais!), allí que me apunté: ¡vámonoooooos!

Bagels de queso (los ingredientes están un poco modificados por mí)
150 ml de leche, 20 gr de levadura fresca de panadero, 25 ml de aceite (yo de oliva suave), 1 tbsp azúcar, 1/2 tsp sal, 300 gr de harina, 1 huevo más una yema, 75 gr de emmental rallado
Templar la leche en un cazo y diluir en ella la levadura; añadir el aceite, el azúcar y la sal y remover. Cubrir con un paño, dejando reposar 15 minutos en un lugar templado. Añadir el huevo y mezclar, y después añadir la harina tamizada trabajando la mezcla para homogeneizar. Tapar y reposar 40 minutos. Volver a trabajar la masa bien y añadir ahora el queso rallado, incorporándolo bien a la masa. Dividirla en 8 porciones iguales, formar una bola con cada una y hacerles un agujero en medio. Colocarlas un poco separadas en una bandeja y dejar reposar tapadas. 
Precalentar el horno a 200ºC y preparar la bandeja que vayamos a usar con papel vegetal de hornear. 
Llevar a ebullición 3 litros de agua en una olla y cocer los bagels de dos en dos, dejándolos en el agua hirviendo dos minutos por cada lado. Dejar escurrir sobre una rejilla.
Disponer los bagels sobre la bandeja preparada con papel, pincelar con yema batida y espolvorear el sésamo por encima. Hornear unos 25 minutos a nivel medio. Quedará algo así:




Los bagels salen del horno con un aroma entre dulce y salado y un color dorado que se te cae la baba nada más mirarlos. ¡Y no es para menos! Son exquisitos con cualquier relleno: los originales con crema de queso y salmón ahumado, con mantequilla y mermelada, tomate y jamón serrano . . . ¡Uff, realmente deliciosos! Lo mejor es comerlos tibios, recién salidos del horno, o puedes calentarlos en una tostadora, pero fríos mantienen un sabor estupendo. ¡Hasta para comértelos solos, vamos!






¡Ains, que babeo! Sólo os digo que cayeron en dos sentadas entre mi catador y yo. Son laboriosos, pero merece la pena el esfuerzo. ¿te vas a animar a hacerlos? ¡ Venga, di que sí, y enséñamelos! 
Gracias por los más de 100 seguidores ya, el blog cumplió ayer 4 meses y me parece increíble que haya superado esa cifra en tan poco tiempo. ¡Sois geniales! Un besazo enorme y ya sabéis . . . ¡A disfrutar de la vida, amores!

domingo, 30 de octubre de 2011

Tradiciones: los panellets de mi madre

Éste es mi pequeño homenaje a las madres del mundo. A las que renunciaron a su propia vida para sacar adelante las vidas de sus hijos. Las que siempre tuvieron una palabra de aliento, un gesto de amor infinito, una caricia sanadora. Las madres de mi generación, que lo dejaron todo para tener nada más que el cariño de sus hijos y, aún así, fueron felices con lo que la vida les dio. Las madres que, después de un día de trabajo dentro y fuera de casa, encontraban el momento para preparar un bizcocho de yogur para la merienda (¡ése que mirabas con gula verdadera mientras se enfriaba en la repisa!). Las que procuraban que te comieras un buen bocadillo en vez de bollería industrial … ¡aunque eso no impedía que de vez en cuando te sorprendieran con un Bonny, una Pantera Rosa  o un Tigretón! Las que se quitaban de sus propias necesidades para darte más aún de lo que tú necesitabas, y aún hoy, lo hacen a menudo. Las que siendo aún casi adolescentes aprendieron a ser madres, esposas, trabajadoras, amas de casa, cocineras, psicólogas, compañeras de risas y llantos, verdaderas amigas. A los seres más altruistas que el mundo jamás vio. Las madres. MI MADRE. Porque sin ti no hubiera superado mis muy malos momentos. Porque me apoyas en todo, incondicionalmente, aunque a los demás les parezca una locura; ¡para ti mis locuras son oportunidades de que yo crezca como persona! Porque no me imagino una vida sin ti como madre. Porque contigo rompieron el molde, mami. No sé si te lo digo lo suficiente: te quiero infinitamente. ¡Guapa!
Si el 31 de Octubre simboliza algo para mi eso es, sin duda, el olor a castañas y boniatos asados y, sobretodo, a panellets saliendo del horno. Los panellets forman parte de una de las tradiciones más bonitas mi tierra, Cataluña. Ésa noche se celebra la Castañada, recordando una tradición que, según cuenta la leyenda, se remonta a muchos años atrás, cuando las campanas de las iglesias no eran electrónicas. Los campaneros encargados de hacerlas sonar se pasaban toda la noche de difuntos tocándolas en memoria de los que ya no estaban. Solía ser una noche muy fría, por lo que sus familiares tenían por costumbre acompañarlos en los campanarios, llevando consigo castañas y boniatos muy dulces, asados y bien calentitos (típicos de la temporada y, sobretodo, asequibles a los bolsillos de cualquiera en la época), vino dulce o moscatel y panellets, unos dulces de un bocado hechos básicamente de harina de almendras. La tradición ha evolucionado hasta hoy en día, que se siguen asando castañas y boniatos y, lo mejor de todo, aún en muchas casas se puede disfrutar del olor maravilloso de los panellets en plena hornada. Mi madre es una de esas personas que insisten en mantener vivos esos detalles que hacen de las tradiciones algo real y verdadero, el legado que nunca deberíamos permitir que nuestros hijos no recibieran. Hoy quiero compartir su receta de estos dulces de otoño, laboriosos pero realmente deliciosos.

INGREDIENTES (para unos 60 panellets):
-500 gr de harina de almendra
-250 gr de boniato (batata dulce) en crudo
-250 gr de patata en crudo
-400 gr de azúcar glass (mejor que el de grano, para que la masa quede suave)
-1 teaspoon de aroma (vainilla, limón o almendra)
-Piñones, almendra fileteada, nueces, carne de membrillo/mango, onzas de chocolate negro (la cantidad dependerá de cuántos hagamos de cada)

Cocer la papa y el boniato con piel hasta que estén bien tiernos. Escurrir, pelar y machacar bien con un tenedor. Ponerlo en un bol, mezclar muy bien con el azúcar glass y luego añadir la harina de almendra, amasando muy bien. Por último añadir la esencia elegida. Tapar con film el bol y dejar reposar en la nevera unas 6 horas.
Precalentar el horno a 180º. Sacar de la nevera y formar con la masa bolitas de unos 4 centímetros de diámetro (o al gusto de cada cuál), forrar con los piñones o la almendra (si no se quedaran pegados bastará con bañar los panellets antes en clara batida y escurrirlos bien), o bien hacerle un huequito con el dedo y poniendo un trocito de membrillo, media nuez  o media onza de chocolate dentro. Disponer los panellets sobre papel vegetal en la bandeja del horno fría y pintar la superficie de cada uno con huevo batido (hay quien dice que sólo con clara batida, pero mi madre siempre lo ha hecho así y me encanta el resultado). Deberían tener más o menos esta pinta:


Panellets de piñones, los clásicos


Unos variados: mango, nuez y chocolate

Hornear unos 15 minutos a 180º, vigilando bien que se doren sin quemarse. Dejar enfriar en una rejilla y, una vez fríos, guardar bien tapados ya que, como nos despistemos, ¡no queda ni uno para la Castañada! El olor a almendra que sale del horno es indescriptible; la textura, inmejorable: crujientes por fuera y blandos por dentro, una verdadera delicia para el paladar.
Espero que disfrutéis con la receta tanto como he disfrutado yo haciéndolos con mi madre. Después de muchos años sin poder hacerlos a su lado, por fin he podido escaparme unos días y recuperar para vosotros esta receta que es a la vez tradición y cultura catalana, de la que me siento verdaderamente orgullosa.
Gracias por llegar al final del post, muchos besos y ya sabéis… ¡a ser felices y a disfrutar de la vida!

miércoles, 24 de agosto de 2011

Aquí no se tira ná!

Cientos de blogs, artículos y noticias sobre el tema de esta entrada llenan las páginas virtuales de este mundillo que es internet; las recomendaciones se cuentan por millares, por millones seguramente, y prácticamente todas opinan lo mismo: "¡Espectaculares!", "¡De lo más recomendables", "¡Están buenísimas!", "¡Son lo más!", etc, etc... Como yo no podía ser menos también tenía que probarlas, no tenía intención de esperar mucho más. Y con la excusa de la visita de mi amiga María, que estaba por mi islita de vacaciones, me puse a preparar las ya súper-famosísimas BIZCOBOLAS! Y fue todo un acierto, la verdad. No es que me complicara mucho, porque aproveché tooooodos los restos dulces que tenía en mi nevera de días anteriores, y el resultado fue muy bueno.
Los detalles:
ASPECTO: estupendo, de lo más creativo porque lo decoras a tu gusto.
PRESENTACIÓN: tanto puestas en cápsulas de papel tipo bombones como pinchadas en un palito tipo piruleta, quedarás como una artista!
SABOR: de lo más resultón, variado y tan dulce como quieras.
DIFICULTAD: poca, aunque es un poco laborioso.
INGREDIENTES: ¡lo mejor! Necesitas la base (restos de bizcocho), el "pegamento" o amalgama para hacer del bizcocho una masa húmeda (nocilla, queso crema, ganaché...), la cobertura (normalmente chocolate de cualquier tipo; experimentaré con más cosas, a ver lo que sale...) y lo que te guste usar para decorar (fideos de colores, confetti de azúcar, corazones , almendra laminada, crocanti, etc). En mi caso, utilicé restos de bizcocho de chocolate para unas con restos de ganaché de chocolate negro y cobertura de chocolate fondant (ya sé, ultrachocolateado, pero el resultado es increíble, aunque no apto para quien no disfrute del sabor intenso a chocolate); para otros usé restos de bizcocho de vainilla y bizcocho de mazapán, queso crema y chocolate con leche para cubrirlas; otros los hice con bizcocho de mazapán con nocilla y fondant con nata para cubrir y los últimos fueron el invento: bizcocho de mazapán con mermelada de melocotón y fondant con nata para la cobertura. ¡Mi catador quiere deciros que todas están riquísimas, pero lo escribo yo porque tiene las manos y la boca llenas de bizcobolas, jeje!
Las cantidades son aleatorias, ya que dependiendo de la humedad de la base dependerá la cantidad de amalgama, a saber: si el bizcocho es muy seco, pedirá más cantidad de "pegamento", aunque si el pegamento es más líquido necesitará menos (no es lo mismo usar queso en crema que mermelada, de la última necesitarás mucha menos cantidad). Como orientación puedes calcular que necesitarás la mitad en peso de amalgama que de base (por ejemplo, 150 gramos de queso crema para 300 gramos de bizcocho). Como consejo, añade primero la mitad de la crema de unión, mezcla bien y vete añadiendo más si lo necesitas poco a poco, removiendo después de cada vez que añadas. La masa resultante debe quedar húmeda, pero no demasiado jugosa; lo sabrás cuando la masa esté maleable, se despegue y no se agriete al trabajarla con las manos, pero tampoco debe soltar líquido para que no se "despachurre" al cubrir las bolitas con chocolate. Ya sabes, la experiencia es un grado, y cuantas más hagas, mejor te saldrán; a priori suena un poco difícil, pero no lo es en absoluto.
EL MEOLLO:
Prepara las cantidades de bizcocho y "pegamento" que vayas a usar antes de empezar, porque el proceso es algo pringoso y no estarás para ir preparando más sobre la marcha. En un bol grande desmiga bien el bizcocho y añade entonces la mitad del "pegamento"; amasa muy bien con las manos y, si es necesario, añade poco a poco más, mezclando y amasando bien hasta conseguir la masa deseada. Mételo en la nevera durante una hora para que coja cuerpo y sea más fácil trabajarla después. Prepara una bandeja con papel de hornear (para que no se peguen las bolitas), y con la masa ya fuera de la nevera forma bolas con las manos de unos 12-15 gramos (para mi gusto éste es un tamaño perfecto para un bombón generoso pero no demasiado grande). Vuelve a meter en la nevera mientras preparas la cobertura; en un recipiente apto para microondas trocea el chocolate que vayas a utilizar y añade media cucharadita de mantequilla (éste detalle le da un brillo a la cobertura espectacular). Calienta el chocolate en tantas de 30 segundos para que no se queme, removiendo cada vez que lo pares hasta que esté bien disuelto. Saca las bolas de la nevera y empieza la operación más delicada: debes bañar cada bola en el chocolate con cuidado de que no se rompan. Yo usé una cuchara y un tenedor (con la cuchara metía la bolita en el chocolate y con el tenedor la sacaba y escurría el chocolate sobrante antes de dejarla de nuevo en la bandeja con el papel de hornear), pero cada maestrillo tiene su librillo. Una vez bañadas en la cobertura podemos decorar (o no ) a nuestro gusto: bolitas o fideos de colores, granillo de almendra, purpurina comestible... ¡imaginación al poder! Reservamos en la nevera un par de horas para que endurezca el chocolate (y ya de paso no tenerlas a la vista para no caer en la tentación, que el motivo de hacerlas es que tienes invitados, ¿recuerdas???? A ver si es posible que queden para el postre...) Y por último, para una presentación "pofesioná", colocamos cada bomboncito en una cápsula de papel para trufas/minimagdalenas y servimos en un platochulodelaleche/fuentedivinadelamuerte.
A mi me quedaron así:


Siento mucho la calidad de las fotos, sé que son pésimas, pero es que casi no me da tiempo de hacerlas. Prometo esmerarme más con las próximas.
La otra opción de presentación es tipo piruleta, que haremos así: antes de bañar las bolas en la cobertura, cogemos unos palitos de piruleta o brochetas de madera, mojamos una punta en el chocolate deshecho y lo clavamos un centímetro y medio aproximadamente en la bolita. Cuando los tenemos todos lo dejamos enfriar para que endurezca el chocolate y se quede pegado el palito, luego bañamos cada bolita en el chocolate, decoramos y enfriamos. Disponemos las piruletas en una bandeja, en cápsulas de papel o dentro de un vaso largo bonito a modo de ramo de flores en un jarrón.

Al acabar esta entrada acabo de descubrir algo que me ha dejado con los ojos como platos: ¡El blog tiene 40 seguidores! Ni en mis mejores sueños habría imaginado que en tan poco tiempo tanta gente que no me conoce de nada decidiera leer lo que cuento aquí. Creo que tod@s los que escribimos en un blog tenemos la necesidad de compartir, de una u otra manera, nuestras vivencias, conocimientos, experiencia... En mi caso, crear este blog fue una forma de devolver a la red todo lo que las maravillosas personas que me he encontrado por aquí han compartido conmigo de manera totalmente desinteresada, y que cada día siguen aportando buenas vibraciones y sonrisas a mi vida. No puedo explicar con palabras lo feliz que me hace que crezca la que llamo, como ya sabéis, mi familia virtual. ¡Millones de gracias por estar a mi lado!

lunes, 1 de agosto de 2011

¡He batido un récord! O por lo menos una Guiness...

En primer lugar debo deciros que ésta ha sido, seguramente, una de las entradas más accidentadas de la historia; aparte de mi adicción repostera que ya confesé hace días, debo reconocer que tengo un enganche inusitado por el mundo bloguero. Y es que realmente crea adicción (creo que soy muy dada a las adicciones, me andaré con cuidado, jeje!) abrir el blog para darle vida a otra entrada y descubrir que alguien nuevo lo ha visitado y ha decidido formar parte de mi familia virtual de reposterillas (lo digo con todos mis respetos, lo de familia porque opino que los amigos, también los virtuales, son ésa familia que la vida te da permiso a elegir, y lo de reposterillas es mi apodo más que cariñoso a todas las maravillosas personas que me hacen disfrutar más y más cada día de este fantástico mundo que es la creación más dulce). Intento con mucho afán abrir al menos una vez al día el blog y hacer un repaso de lo que hay, porque casi a diario descubro nuevas y estupendas personas y maravillosos blogs que desbordan arte por las cuatro esquinas de mi pantalla. De todos ellos me nutro, y por todo lo que descubro me animo a mi misma a encontrar esos ratos de dedicación a este rinconcito. A todo ésto, llevo cuatro días creando a ratitos una nueva entrada y hoy, por fin, la tenía prácticamente acabada cuando Lenine, mi preciosa y cariñosa gatita mayor, ha decidido darse un paseíto por encima de mi teclado reclamando mi atención y mi cariño... y borrando al pisar la tecla "m" toooodo lo que tenía escrito; parece ser que ha sido más lenta mi reacción de apartarla del teclado que la de blogger de guardar el borrador, porque cuando he recuperado el campo visual de la pantalla, ésto es lo que me he encontrado:












m








Y nada más. Había desaparecido toda la entrada. Y he cerrado el borrador tal cual, he salido del blog, he apagado el ordenador y me he ido, ¡porque si me quedo en casa me como a mi preciosa Lenine para almorzar! Al volver he revisado el correo, he echado un vistazo a Facebook para ver las novedades y me he sentado de nuevo, ahora sí con ganas de rehacer lo perdido. Ahí va:
Cualquier reposterilla que se precie conocerá los nombres de unas cuantas recetas maravillosas e imprescindibles que debes probar en algún momento, sí o sí. En mi caso tengo en mi lista de "Pendientes de Hacer" (juro solemnemente que tengo un listado en Word de las recetas más importantes que quiero hacer en cuanto pueda en el escritorio de mi ordenador) las recetas de los cupcakes de cerveza negra Guiness en primer lugar, y éstos son los que hoy quiero compartir con todas vosotras, porque me han dejado alucinada. La primera vez que leí algo sobre esta receta me quedé bastante sorprendida, ya que jamás había oído hablar de que la cerveza se usara en repostería; en cocina sí, pero no en repostería (repito por enésima vez que soy una amateur en prácticas...). Tanto fue mi asombro que la receta se saltó unos cuantos puestos en la lista de pendientes, colándose por delante de la Carrot Cake (tarta de zanahorias) y el Red Velvet (literalmente, terciopelo rojo, por el color, la textura y esponjosidad de la masa), que habían llegado antes. Así, sin pedir permiso ni nada, se infiltró en mi cocina antes de que me diera cuenta, y éste ha sido el resultado.


RECETA DE MAGDALENAS DE CERVEZA GUINESS (la que a mí me gusta, ¡hay miles!)
Ingredientes para unos 12 cupcakes:
125 ml de cerveza negra Guiness (esta vez usé Guiness, pero he comprado otra marca que probaré en otra ocasión para ver qué pasa si le soy infiel a esa marca, porque en Gran Canaria no es demasiado fácil encontrarla; ya os contaré el resultado)
125 gr de mantequilla a temperatura ambiente (nada de usar el microondas para ablandarla, porque lo que pasa es que se deshace; mejor sacarla un par de horas antes en verano, o 12 horas en invierno)
125 gr de harina simple
40 gr de cacao en polvo (el cacao sin azúcar añadido Valor es estupendo, pero encontré en Carrefour uno de su propia marca, lo he usado y me ha ido genial)
200 gr de azúcar (mejor azúcar glass, la masa queda mucho más fina y homogénea; si no tienes no te preocupes, usa el azúcar blanco normal, nadie morirá intoxicado, jeje!)
1 huevo mediano
75 ml de nata líquida para montar (es más grasa que la de cocina, mucho mejor para repostería)
1 cucharadita y media de bicarbonato
1 cucharadita de vainilla (mejor que sea buena, si no tienes cámbiala por una y media de azúcar avainillado)
Precalentar el horno a 170º y preparar los moldes que vayamos a usar para hornear las magdalenas: cápsulas, moldes de silicona, metálicos, antiadherentes; en mi caso yo utilizo un molde de los metálicos con cápsulas de papel dentro, el gasto es pequeño y me ahorro tener que limpiarlo cada vez que horneo, sin contar con que la presentación cuando los vas a regalar es mucho más bonita. También uso los individuales de silicona que me regaló mi amiga Davinia, que es un solete, para los cupcakes que se quedarán en casa.




Calentar la cerveza en un cazo al fuego y, sin dejar que llegue a hervir, añadir la mantequilla, removiendo hasta que se deshaga por completo; reservar hasta que se enfríe.
Mezclar en un bol los ingredientes secos, tamizando la harina con el bicarbonato y el cacao. En otro bol batir el huevo con la nata y la vainilla; añadir la cerveza con mantequilla ya fría, removiendo para que se mezcle todo bien. Luego ir añadiendo los ingredientes secos poco a poco, removiendo a mano hasta que estén integrados. 
Llenar las cápsulas sólo hasta la mitad, ya que la masa sube bastante, y hornear unos 15-18 minutos a 170º; os recomiendo controlarlas a partir de los 12 minutos, ya que cada horno es diferente y el tuyo puede tardar más o menos. Estarás segura de que las magdalenas están listas con el truco de la "agüela": cuando pinches una en el centro con un palillo de madera y éste salga sin restos de masa (yo prefiero usar las brochetas largas de madera que los palillos de toda la vida, hay menos peligro de quemaduras). Una vez fuera del horno, dejarlas 5 minutos antes de sacarlas del recipiente, y luego pasarlas a una rejilla para enfriar. Yo no tengo aún una rejilla, porque mi horno no la traía (recuerdo que antes todos los hornos traían una bandeja y una rejilla, ¿alguien sabe por qué narices ya no la traen? Me vendría de perlas...), así que de momento hago lo que puedo hasta que acabe de tunear una propia con una idea que tengo; ya os contaré el resultado si merece la pena. 
Debo deciros que han superado mis expectativas, el resultado es sorprendente. Al parecer la cerveza realza el sabor del cacao, y la textura es de lo más esponjosa; sin duda se han convertido en mis magdalenas favoritas de chocolate. Y en respuesta a lo que estás pensando: no, para nada saben a cerveza.
Para decorar las magdalenas y convertirlas en unos cupcakes maravillosos deberemos esperar a que éstas estén totalmente frías, porque corremos el peligro de que el calor que desprenden estropee el frosting que utilicemos, ya sea buttercream o cualquier otro. Vamos allá!
Éstos son con buttercream de chocolate negro y una barrita de Kinder. Fueron un regalo para los veterinarios de mis dos gatitas.




Con frosting de crema de queso y nubes de colores, para mi sobrina Haridian y mis amigas:




Con el mismo buttercream de chocolate, pero éstos fueron a parar a casa de mis cuñados Desiree y Domingo:




Y a éstos les puse simplemente una rosa de fondant de nubes que hice con una técnica muy fácil que enseñaré  pronto por aquí. Éstos fueron para celebrar el cumpleaños de mi amiga Chari:




Para las que le tienen miedo a convertir una magdalena en cupcake, sólo decirles que no es necesario tener una técnica especialísima para hacerlo, sólo imaginación y paciencia; yo soy novata total, con el tiempo y la práctica he ido mejorando un poquito, y si yo puedo, cualquiera puede. Casi cualquier cosa con la que vistas un cupcake le sienta genial. Si no tienes manga pastelera y boquillas, o no te atreves a usarlas, simplemente empieza por algo sencillo, verás:


Unta la magdalena con la crema que hayas elegido, de manera que quede totalmente cubierta, con ésto consigues que se vea totalmente "vestido" al acabar la decoración de tu cupcake:  


Ahora, con una cuchara de postre y una buena cantidad de crema, úntala con cuidado encima, tratando de darle una forma de "remolino"; si te equivocas puedes volver a intentarlo tantas veces como quieras, sólo tienes que recoger la crema con mucho cuidado con la cuchara y volver a probar:


Una vez que quedes contenta con el resultado de la técnica del "untado", sólo tienes que echarle imaginación: bolitas de colores, confetti, fideos o corazones de azúcar, gominolas, bombones, pedacitos de chocolatinas... ¡Cualquier cosa vale! Incluso puedes hacer una etiqueta con un mensaje personalizado, pegarla a un palito de madera o plástico (en Mercadona venden unos paquetes de palillos de plástico de colores para aperitivos por un euro que van genial para éstas cosas) y pincharla sobre uno de los cupcakes. ¡Simplemente preciosos!
No me digas que no vas a intentarlo. ¡Venga, cuéntame qué tal te salieron! Y recuerda: SI YO PUEDO, TÚ PUEDES... YES, WE CAN!!!!